Guías General 07.08.2026

Cuando los nervios llegan al límite: cómo mantener la mente estable durante un apagón

Un apagón prolongado afecta mucho más que las provisiones y la tecnología. La oscuridad, la falta de información y la incertidumbre pueden aumentar el miedo, la irritabilidad y los problemas de sueño. Un plan mental de emergencia ayuda a mantener la calma y actuar.

Cuando los nervios llegan al límite: cómo mantener la mente estable durante un apagón
Un apagón no afecta solamente la nevera, las luces y la señal del celular. Cuando durante horas o días nadie sabe cuándo volverá la electricidad, la incertidumbre, la oscuridad, la falta de noticias y la preocupación por los seres queridos pueden generar mucho estrés. El miedo, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse o dormir mal son reacciones posibles en una situación excepcional. Lo importante es no esperar a que los nervios estén al límite para tomarse en serio esa carga.

La mejor protección empieza antes de que se vaya la luz. Si ya tienes agua, alimentos, iluminación, medicamentos, efectivo y formas de comunicación preparadas, durante la emergencia habrá menos problemas que resolver al mismo tiempo. Escribe también un plan sencillo: ¿quién cuida a los niños o a los adultos mayores?, ¿a qué hora se escucha la radio?, ¿dónde se reúne la familia si falla la señal del celular? Los acuerdos claros reducen la incertidumbre y devuelven la sensación de poder hacer algo útil.

Durante el apagón ayuda mantener una estructura. Trata de dividir el día en partes pequeñas y manejables: comer, revisar información, realizar las tareas necesarias, reservar momentos de descanso y dormir. No es necesario pasar cada minuto buscando noticias. Revisar constantemente nuevas informaciones puede aumentar la tensión, sobre todo cuando circulan rumores por redes sociales o entre vecinos. Usa fuentes confiables siempre que sea posible y fija horarios concretos para informarte.

El cuerpo también influye en la mente. Beber agua con regularidad, comer suficiente, moverse un poco y mantener horarios de sueño lo más normales posible ayuda a soportar mejor el estrés. El alcohol u otras sustancias que alteran el estado de conciencia no son una buena estrategia contra el miedo o el aburrimiento; pueden empeorar el juicio, el estado de ánimo y los conflictos.

La forma de tratarse entre las personas es especialmente importante. Cada persona reacciona al estrés de manera diferente. Una puede quedarse callada, otra irritarse y un niño puede aferrarse a los adultos o repetir las mismas preguntas. Repartir tareas ayuda: revisar el agua, preparar las lámparas, organizar la comida o anotar información. Incluso las tareas pequeñas crean orientación. A los niños conviene explicarles con calma y honestidad qué está pasando, sin describir escenarios catastróficos.

Incluye conscientemente pequeñas actividades que mantengan cierta normalidad: comer juntos, jugar cartas, leer, conversar o sentarse afuera con luz de día cuando sea seguro. Una lámpara a baterías guardada siempre en el mismo lugar también ayuda a orientarse de noche. Quien vive solo debería acordar desde antes con vecinos, amigos o familiares mantener contacto regular durante apagones largos.

Finalmente, presta atención a señales de alarma. Si el miedo, la desesperación, la agresividad, la sensación de estar totalmente sobrepasado o el insomnio se vuelven muy intensos, duran mucho tiempo o alguien deja de estar seguro para sí mismo o para otras personas, un consejo normal de preparación ya no es suficiente. En ese caso se debe buscar cuanto antes ayuda médica o psicológica profesional y, si existe un peligro inmediato, contactar al servicio local de emergencias.

Un plan mental para un apagón no necesita otra mochila de emergencia. Consiste en preparación, información confiable, rutinas sencillas, contacto social y expectativas realistas. Hablar antes sobre cómo la familia enfrentará el estrés y la incertidumbre no solo protege el ambiente en casa. También mejora la capacidad de tomar decisiones sensatas en una situación difícil.

Si la tensión sube de repente, suele ayudar hacer una pausa breve: sentarse, respirar más despacio de forma consciente, observar el entorno y decidir solamente cuál es el siguiente paso concreto. Eso no resuelve la causa del apagón, pero puede evitar que la prisa empeore todavía más la situación. Esa pausa es especialmente útil antes de decisiones importantes.

Fuentes: Organización Mundial de la Salud (OMS), Mental health in emergencies; Centers for Disease Control and Prevention (CDC), Managing Stress y Coping with a Disaster or Traumatic Event.